sábado, 19 de diciembre de 2009

Temblad malditos, llega el libro electrónico

El diez por ciento de los libros que se publican en España ya se editan en formato digital. Y es un dato del Ministerio de Cultura fechado en el año 2008. Estas navidades parece que el regalo de moda, dejando aparte lo que eso conlleva, apunta a que será el libro electrónico, la última propuesta tecnológica para dejarnos en las tiendas los escasos euros que aún sobrevivan a la crisis.
Pero como sucedió con otros adelantos de las telecomunicaciones, la presentación de este cachivache de circuitos miniaturizados ha causado un gran revuelo en el mercado editorial: por una parte están los que alaban las posibilidades que ofrece el invento mientras que para otros lo único que les preocupa es la pérdida de beneficios económicos y la intromisión en los derechos de autor.

En el planteamiento de este foro en torno a aquellas innovaciones tecnológicas y su repercusión en la docencia, el enfoque a defender es un tanto conciliador, pues lo mismo sucedió con el teléfono móvil, con los ordenadores portátiles y con las redes sociales.

Si el libro electrónico o "e-reader" ayuda a fomentar la lectura entre los alumnos, bienvenido sea; sino, pues será un aparato más colgado del enchufe eléctrico y del que nos olvidaremos en breve a menos que las multinacionales descubran que su rentabilidad merece la pena, por lo que nos perseguirá hasta en la sopa.
Sin embargo, y todo hay que decirlo, su potencial está ahí. Imaginen la desaparición de los libros de texto y de las mochilas de los alumnos; la posibilidad de sincronizar la pizarra electrónica del aula con el cachivache y la opción de conectarlo vía wifi a cualquier fuente de información (llámese diario electrónico, biblioteca virtual o bitácora informativa).
Bien es cierto que antes los alumnos tendrían que aprender a utilizarlo y también los docentes, y antes de eso, tanto unos como otros deberían tener posibilidades reales de adquirirlo. Pero por un momento, sería gratificante imaginarse el aula perfecta. Total no cuesta nada, y la realidad siempre está ahí a la vuelta de la esquina y en forma de monda de plátano con la que partirnos la crisma....

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